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La Mesa - Grandas de Salime



  • 14,9 km.
  • 4 horas
  • faltan a Santiago 194 km.



Salimos del pueblo de La Mesa ascendiendo por la carretera vecinal un km. más o menos, hasta el alto del cordal, donde se levantan los aerogeneradores. Después de coronar este alto empezamos el largo descenso que nos llevará hasta el embalse de Grandas de Salime.





Al poco de iniciar la bajada (ya vislumbramos al otro lado del valle Grandas de Salime) llegamos a Buspol, hoy día una granja pero antiguamente hospital de peregrinos, que cuenta con una capilla propia. Pasamos junto a esta granja, bordeándola por su derecha y junto a la capilla. Se inicia ahora un fuerte descenso por un camino a través del monte.





Se trata de una larga bajada, de unos ocho km., después empieza a llanear. Cuando ya intuimos cercana la llegada a la presa hay que tomar un sendero a la izquierda que nos lleva por debajo del tendido eléctrico, a la carretera general, a escasos metros de la presa.





Atravesamos la gran presa por encima de las compuertas del embalse y empezamos a ascender por esta misma carretera en dirección a Grandas de Salime. Cuando llevamos unos cuatro km. de subida tomamos un sendero a la izquierda. Es un camino muy bonito que nos aparta de la carreta y en poco tiempo nos sitúa en Grandas de Salime.









Hoy es un día de los que apetece quedarse en la cama a dormir un poco más. Amanece lloviznando, "orvallando", como decimos en Asturias, y tapado por la niebla. Pero bueno, hay que partir, así que, después de desayunar la fruta reservada de la cena de ayer, me pongo en marcha a las 9:45 horas.



Comenzar el día con una fuerte subida, con lluvia y con viento (ya entiendo
por qué instalan aerogeneradores por esta zona) no es muy agradable. Pero bueno, no me voy a quejar del tiempo, hasta este momento me había acompañado siempre el sol. Por otra parte, temo un poco la fuerte bajada que vendrá después, por mi rodilla, que todavía quedan bastantes jornadas y no sería plan de "lesionarse" en estos momentos.



Desde el alto ya se ve al fondo el embalse y más arriba Grandas de Salime, parece que está a tiro de piedra, pero hay una largo descenso y después ascenso por la carretera. De todas forma
s no es para tanto, aunque el descenso es largo no es demasiado empinado, creo que mi rodilla no se va a resentir, con el paso de los días creo que va a mejor.



Un poco antes de llegar
al final de esta bajada, a la presa del embalse, me encontré un par de mastines que me escoltaron durante largo trecho. ¡Qué perros tan cariñosos!, tan grandes y a la vez tan mansos (bueno, menos mal...), incluso tímidos.





El embalse de Grandas de Salime, construído en 1946 e inaugurado diez años más tarde, supuso todo un hito en aquella época. Fue el más grande de Europa en su tiempo y, aún hoy, resulta impresionante.



Grandas de Salime, como capital del municipio, dispone de todos los ser
vicios, supermercados y tiendas, varios bares y buenos restaurantes. Además, sería imperdonable no visitar el Museo Etnográfico, el cual recomiendo que no se pierda nadie.



El albergue está situado en los bajos del Ayuntamiento. Cuenta con
18 plazas en literas triples y baño con agua caliente pero no tiene cocina. Para sellar la credencial hay que acudir a uno de los bares de la localidad.



Cuando pensaba que esta noche iba a dormir sólo en el albergue apareció por la puerta una chica con acento extranjero. Así con
ocí a Riina, una directora de cine nada menos que de Estonia.





En Grandas de Salime me dispuse a pasar todo un día de descanso. Así que, el día siguiente lo dediqué a visitar el Museo Etnográfico (impresionante, no me canso de recomendarlo), y a probar las delicias gastronómicas de esta zona en el Bar Arraigada (pote de nabizas, un cocido delicioso, filetes con patatas y huevos fritos, y tarta de queso, todo ellos con vino de la tierra, ¿quién da más?).



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